La jerarquía eclesiástica católica solo hace público aquello que le interesa
El pasado 23 de enero, en la localidad catalana de Mataró, se llevo a cabo el acto de beatificación de Josep Samsó Elías, sacerdote muerto en el transcurso de la nefasta guerra civil iniciada con la abominable sublevación armada contra el legítimo poder establecido mediante las urnas, que es lo que era la República.
Tal acto de beatificación se realizó en Mataró, por ser la localidad a la que partencia el beatificado, ya que así lo dispuso Benedicto XVI, al tomar la determinación de que solo las canonizaciones deben celebrarse en Roma, mientras que las beatificaciones han de hacerse en el lugar de donde provenga quien es beatificado.
Dicha beatificación, era la primera que se hacía en Catalunya durante los últimos 900 años, ya que durante este periodo, las beatificaciones se realizaban en Roma, en el Vaticano.
Los curas de la jerarquía católica, al llevar a cabo este tipo de beatificaciones, solo hacen que divulgar públicamente aquello que les interesa, presentando a religiosos como supuestos mártires, ignorando deliberadamente las muchas atrocidades cometidas por religiosos. Si quieren vanagloriar a los suyos, que lo hagan, pero que también hagan público de forma igualmente detallada, las atrocidades que cometieron los religiosos, y como dicen ser tan buenos, que pidan perdón públicamente.
La jerarquía católica, apoyo desde el principio, y hasta el final, a quienes se sublevaron en armas contra la República, que representaba el poder legítimo, y tras las triste derrota de la República, los curitas de la jerarquía respaldaron siempre al régimen dictatorial que ostentó el poder más de 40 nefastos años.
Quienes se sublevaron en armas contra la República, la cual estaba legítimada por las urnas, también mataron curas, curas que no apoyaron la sublevación, curas de los que el Vaticano no quiere acordarse, solo canoniza y beatifica a quienes le interesa, otra prueba más del chollo que se han montado los curitas de la jerarquía católica.
El antecesor del actual pontífice, Juan Pablo II, canonizó y beatificó al por mayor, con el afán de divulgar públicamente el mayor número posible de supuestos mártires que hubo en la época sangrienta aquí citada, y eso para mí era una provocación para quienes fueron víctimas de las atrocidades cometidas por los curas de la época.
